Proyecto Arqueológico Porco-Potosí
 
 
La historia de Porco y de Potosí
 
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Explotación inca y colonial hispana temprana de las minas de plata en Porco

Hacia el 1000 d.C. el área que hoy abarca el sur de Bolivia, el noroeste de Argentina y el norte de Chile, albergaba un cojunto diverso de grupos que dependían en gran medida de la agricultura y de la cría de camélidos para su subsistencia. Estaban interconectados por una extensa red de caravanas de llamas que facilitaban el intercambio de mercaderías, ideas y gentes a través de las fronteras “étnicas”. Los documentos de principios de la colonia indican que estas sociedades (que en español se las conoce como “señoríos”) estaban organizadas en grupos de parentesco de distintos tamaños llamados “ayllus”, que a veces formaban alianzas más extensas; los estudios arqueológicos llevados a cabo por el Proyecto Arqueológico Porco-Potosí y otros equipos de investigadores, sugieren que la intensa interacción entre grupos también, y con frecuencia, era de carácter belicoso.

Porco se encuentra en un territorio que en la época inmediatamente anterior a la conquista estaba controlado por el señoría de los Qaraqara, un conjunto de grupos étnicos organizados sin ninguna cohesión que ocupaban gran parte de lo que es hoy el centro-sur de Bolivia. Por su parte, los Qaraqara constituían la mitad de la más amplia confederación de los Charkas. Las investigaciones históricas sugieren que durante este período, Porco era el lugar donde estaban ubicadas las minas de plata, al igual que un importante centro ritual que atraía peregrinos de todos los Andes sureños. Los trozos de mineral inusualmente grandes, las minas, y las montañas donde éstas se encontraban, tenían una importante significación espiritual para los grupos indígenas.

La conquista de la región por parte de los incas parece haber estado motivada fundamentalmente por los abundantes recursos minerales con que contaba el lugar. Mientras que la presencia Qaraqara en Porco aún no ha sido verificada en el registro arqueológico, los relevamientos y excavaciones han arrojado abundante evidencia de la explotación incaica en la zona, la cual, según los cronistas españoles, produjo buena parte de la plata que se usó para decorar el Templo del Sol en Cuzco. Los restos arqueológicos indican que los incas desarrollaron una infraestructura centralizada que comprendía múltiples instalaciones para distintos propósitos –vivienda, almacenamiento, administración, minería, y procesamiento de minerales-, y que se encontraban dispersas en un área de aproximadamente 1 km, donde se encuentran las minas. Hasta el momento no se ha recuperado evidencia alguna de la fabricación de productos terminados.

Los sitios incaicos de Porco se caracterizan por una arquitectura modesta, y la baja densidad y diversidad de los artefactos recuperados durante las excavaciones, sugiere que sólo se usaban para sostener las operaciones de extracción y beneficio, muy probablemente sobre una base estacional. Entre los trabajadores probablemente hubiera trabajadores de la mit’a (hombres reclutados en forma rotativa de entre los grupos conquistados) y yanakunas (especialistas ligados con las unidades domésticas de élite), aunque no mitmaqkuna (colonos permanentes).

El control español de las minas comenzó con la llegada de Gonzalo y Hernando Pizarro en 1538, cuyos intereses en Porco estaban entre sus empresas más lucrativas. Tanto el registro histórico como el arqueológico indican que la explotación de los depósitos de plata era descentralizada y se realizaba en pequeña escala. Cada sitio construído por los incas fue reocupado por personas relacionadas con el procesamiento de metales, y la tecnología que se usaba para el beneficio y refinado de los minerales era extremadamente variada. Sin embargo, la producción anterior a la década de 1570 parece haber estado mayormente en manos de mineros indígenas que arrendaban vetas a los dueños españoles. Estas personas dependían fuertemente de la tecnología nativa, tal como la de las “huayrachinas”, u hornos de viento, para fundir el mineral de plata.

En tanto que en el transcurso del siglo dieciséis se extrajeron grandes cantidades de plata, la productividad de Porco se vió eclipsada por el espectacular rendimiento de Potosí después de su descubrimiento en 1545. A pesar de ello, las minas de Porco continuaron siendo trabajadas en gran escala, tanto por trabajadores de la mita como por asalariados, hasta el siglo siguiente. Sin embargo, después de la introducción de la amalgama de mercurio para beneficiar minerales en los años de 1570, el control de la producción quedó en manos de europeos con capacidad para reunir el capital que se requería para la construcción de grandes talleres.

Durante los años de 1700, la explotación sólo fue esporádica, y hacia fines del siglo el estado había interrumpido la asignación de trabajadores para esa zona. Un resurgimiento de las actividades mineras tuvo lugar en Porco hacia fines del siglo diecinueve, cuando la demanda de minerales industriales, especialmente de hojalata, llevó al establecimiento de la moderna planta concentradora de Porco Tin Mines, Ltd. Desde entonces, la extracción de hojalata y más recientemente de zinc, se ha venido realizando en gran escala. Actualmente las minas de Porco son operadas por COMSUR, una gran compañía internacional, aunque algunas cooperativas mineras locales también explotan yacimientos. Casi todos los trabajadores residen en el cercano pueblo de Porco, o en el asentamiento de Agua Castilla, que está ubicado junto a las vías del ferrocarril.

   


La investigación de Porco fue subsidiado por la National Endowment for the Humanities, por la National Science Foundation, por la National Geographic Society, por la Curtiss T. and Mary G. Brennan Foundation, y por la Colorado State University.

Puede dirigir comentarios o preguntas referentes al proyecto a la directora, Mary Van Buren.

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