Invitación a un  viaje

Take it easy

La puerta abierta

Amor amor para los dos

La tumba de los
crisantemos amarillos

Laberinto de espejos

Nuestra última lluvia juntos

El suicidio es indoloro

Expresiones gemelas

Los deseos circulares

Cuentema para una ballerina ausente

Ultima morada

Los viajantes

El rictus sardónico de la muerte

Utopía

Los días claros y los días vacíos

El autobús de las 7:00 a.m.

La risa artera

El escape

Soliloquio desesperado

Viajantes insomnes

 Amor amor para los dos 

Fernando Valerio Holguín

 

Me acerqué despacito, sin hacer ruido para no molestarla. Levantó el rostro, me miró indiferente, y continuó sollozando con la cabeza inclinada sobre la mesa. El cuchillo, hábil entre sus dedos, se desahogaba despanzurrando los vegetales del almuerzo. Le dije que no llorara, pero su rostro se contrajo con fuerza detrás del torrente de lágrimas. Se llevó el revés de la mano a los ojos, y haciendo un esfuerzo me dijo con voz  entrecortada, que ella trataba de ser fuerte pero que... que no podía soportarlo. Su hermosura empapada de lágrimas. Sus lindos ojos llorosos. Nunca he soportado ver llorar a una mujer, aunque no fuera yo el culpable. De pronto el rostro comenzó a congestionárseme y dos lágrimas gordas y desiguales se asomaron a mis ojos. Ella, al verme, me dijo, que era natural que yo también llorara. Y yo comprendía que era natural, pero lucíamos tan tristes y solos llorando los dos que le pedí, que por favor dejara de pelar esas cebollas.

© 2001 Fernando Valerio Holguín