|
El Tribunal de los Sueños
el Tribunal de los Sueños es eterno, su veredicto, implacable. son insomnes los Siete Jueces del Tribunal, y sus condenas, que oscilan entre el insomnio perpetuo y la pena de vida -más que de muerte-, le deben más a la envidia que a la equidad yo, como K. y tantos otros, también he sido llamado, primero como testigo, después como acusado y finalmente condenado como culpable. y esta es mi condena: insomnio perpetuo. mi delito: haber soñado durante muchos años con gente desconocida. también soñaba con ciudades en las que nunca había estado o con objetos que en mi vida había visto -precisamente, dictaminó uno de los Jueces. ¿quién le da el derecho a inmiscuirse en la vida privada de los demás? todo comenzó una mañana, en el café frente al parque Colón. me estaba tomando un café y no bien encendí el primer cigarrillo cuando recordé mi primer sueño. me vi en Ferraquez, caminando por una calle abarrotada de gente desconocida. fue un sueño intenso y vívido. esa mañana me pasé horas recordando rostros que jamás habia visto, objetos desconocidos que después consultaba en la enciclopedia, detalles de calles y casas y situaciones que a veces rayaban en el absurdo. le conté el sueño a un un amigo que pasaba por allí en ese momento. al principio me hizo creer que estaba interesado en mi sueño pero después se aburrió y el muy desalmado acudió inmediatamente al Tribunal y me acusó de banalidad retórica. pero aprendí mi lección: desconfíar de aquéllos que dicen ser tus amigos y aprovechan el más mínimo dislate para irles con el chisme al Tribunal Supremo con el paso del tiempo me he enterado de otros, que como yo, se atrevieron a soñar a sotto voce y terminaron confesando frente a este Tribunal inapelable. hay quienes han soñado vehementes las tardes frescas en la plaza bordeada de geranios. otros se han soñado con amantes perdidos en la memoria del tiempo. muchos han soñado con lo que quisieron para sus vidas -y el día le arrebató entre sus manos. los más han sido condenados por haber intentado soñar. pero ninguno de los culpables ha sido absuelto en este implacable Tribunal Supremo de los Sueños ya voy para mi cuarto año de insomnio y no me dan a basto las noches o las mañanas, en el café frente al parque, para recordar lo que otras personas han vivido en mis sueños. algunos se repiten como versos en mis sueños y hasta creo que he llegado a cogerles cariño y cobrado interés en sus vidas. como aquella muchacha tímida que siempre venía a acurrucarse en mis sueños estaba sentado en la calzada de un café en Amsterdam. se acercó con cualquier excusa a pedirme un fósforo. le encendí el cigarrillo con mi encendedor y le pedí que me acompañara. nos pasamos toda la tarde hablando animadamente, tomando café y fumando. me dijo que iba a dar una fiesta en su casa esa noche y que quería que yo conociera a unos amigos. acepté agradecido y caminamos por Leidsestraat y media hora más tarde estábamos frente a su apartamento. debía ser un edificio de mediados de siglo. entramos a un ascensor con bancos de madera que se elevó entre las amplias escaleras que lo bordeaban como en los sueños, dulcemente me invitó a entrar y a ponerme cómodo. me trajo un trago que bebí con una sed de siglos. me miró curiosa por la forma apresurada en que me había bebido el trago. puso un poco de música y me hizo señas de que la siguiera hasta la habitación. nos amamos como si nunca hubiéramos amado. esa misma noche soñé que estaba sentado en un café frente a un parque con una estatua del Almirante en el centro, contándole un sueño a alguien que no conozco y que parece no interesarse. en el sueño hay una catedral del siglo XVI en la que oficia un Tribunal implacable que mantiene la población en zozobras. al despertar supe que mi condena ya había sido promulgada pero no sabía si en el sueño o la vigilia a diferencia de K., que soñó el absurdo de su condena y vivió para contarla, yo ya había sido condenado mucho antes de que el insomnio comenzara a hacer estragos en mi vida. con estas palabras, sólo he querido dar fe de mis incontables noches de insomnio -me siento cansado, es todo cuanto tengo que agregar
|