Palacio del Terror

en el Palacio del Terror la noche nos aplasta bajo una avalancha de culpas; devora el silencio los corazones, y una llamarada de voces nos recorre las vísceras tempranas. la soledad se sienta a descansar sobre nuestros huesos
(me he lavado el rostro en un agua elemental de protozoarios, me he bebido las amebas furiosas al alba y me he alimentado de moluscos precarios. he pretendido, en fin, ignorar la mitosis de mi alma)
en el Palacio del Terror el silencio se desploma sobre los que han padecido sus angustias crepusculares frente a las Trece Puertas cerradas de antemano, sobre los que alguna vez acometieron sin éxito, con uñas y dientes, la Puerta del Perdón o la Puerta del Retorno y también la Puerta del Olvido y la Puerta de la Dicha
-Miren a ése que perdió una letra de su alfabeto particular y ahora no encuentra cómo articular la Felicidad
-Escuchen la voz de este barquero que navega entre manglares milenarios buscando el perdón
-Acérquense a este guiñapo que se alimenta de salamandras como si no le bastaran sus propias raíces
-Miren este otro mendigo, que un día creyó haber alcanzado Fama y Fortuna y ahora lamenta sus llagas
-Observen con cuidado a este ciego que quiso ser poeta y se arrancó los ojos para no pensar más el rostro de la mujer amada
-Este, consideren Ustedes, es ya un Santo si tomamos en cuenta las lágrimas que corren profusas por su barba
-Escuchen el grito de los que han quedado llorando el vacío de sus horas sin fin
(yo te he buscado en cada puerta, Leticia, y escrito tu nombre en sílabas estremecidas. yo he raspado el musgo de los insomnios y he competido con unicelulares tratando de alcanzar en la roseta la luz más alta del día. yo he atravesado los pantanos de la memoria -yo, que desde el fondo de la cripta profunda siempre procuré levantarme sobre mis propios huesos- y sólo logré hallar mi pobre alma pluricelular que aún continúa escindiéndose en los sintagmas inefables de este Palacio del Terror)